Derrame y empiema pleural: cuándo la cirugía se vuelve necesaria
- Pablo Perez Castro

- 2 ago
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El espacio pleural, esa delgada cavidad entre el pulmón y la pared torácica, normalmente contiene solo una capa mínima de líquido lubricante. Cuando ese líquido se acumula en exceso, hablamos de derrame pleural. Cuando ese líquido además se infecta, el cuadro cambia radicalmente de pronóstico y de manejo: se convierte en un empiema.
Qué es un derrame pleural
Un derrame pleural es la acumulación anormal de líquido en el espacio pleural. Sus causas son muy variadas: insuficiencia cardíaca, infecciones respiratorias, cáncer, o complicaciones postoperatorias, entre otras. No todos los derrames son iguales, y esa diferencia determina completamente el tratamiento adecuado.
Cómo un derrame se convierte en empiema
Cuando un derrame paraneumónico, es decir, asociado a una neumonía, se infecta directamente con bacterias, el líquido se vuelve purulento y se denomina empiema. Este proceso suele evolucionar en etapas: primero un derrame simple, luego una fase con depósitos de fibrina que empiezan a tabicar el espacio, y finalmente una fase organizada donde el pulmón queda atrapado por una capa gruesa de tejido fibroso.
Cómo se estudia esta condición
El estudio combina imágenes, principalmente ecografía torácica y tomografía computada, con el análisis directo del líquido obtenido mediante una punción diagnóstica. Las características del líquido, su pH, la presencia de bacterias y otros parámetros de laboratorio permiten clasificar la etapa del proceso y guiar la decisión terapéutica.
El manejo inicial: drenaje y antibióticos
En las etapas iniciales, el tratamiento combina antibióticos dirigidos con la instalación de un drenaje pleural que permite evacuar el líquido infectado. En muchos casos, especialmente cuando el diagnóstico es precoz y el líquido aún no está tabicado, esta combinación es suficiente para resolver el cuadro por completo.
Cuándo el drenaje simple no es suficiente
El manejo con solo drenaje y antibióticos puede fracasar cuando el líquido ya está tabicado en múltiples loculaciones que un tubo no logra evacuar, cuando persiste fiebre o compromiso clínico a pesar del tratamiento, o cuando el pulmón queda atrapado por una capa de fibrina que le impide reexpandirse. En esos escenarios, la cirugía deja de ser una opción de rescate para convertirse en el tratamiento indicado.
Qué implica la decorticación quirúrgica
La decorticación consiste en retirar quirúrgicamente, generalmente por videotoracoscopía, la capa de tejido fibroso que atrapa al pulmón, además de evacuar todo el material infectado tabicado. El objetivo es permitir que el pulmón vuelva a expandirse por completo contra la pared torácica, lo que a su vez es clave para resolver la infección de forma definitiva. Cuando se realiza en el momento adecuado, esta cirugía suele acortar significativamente la hospitalización comparada con prolongar un manejo conservador que ya no está funcionando.
¿Tienes un derrame pleural que no responde al tratamiento inicial?
Una evaluación oportuna permite decidir si el manejo conservador sigue siendo adecuado o si es momento de considerar una resolución quirúrgica.
Nota importante: Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos, y no reemplaza una evaluación médica individual. El manejo de cada derrame pleural debe definirse según las características específicas del caso.


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